lunes, 2 de noviembre de 2015

LO MEJOR

   
   Lo mejor de Madrid está bajo tierra. Un mundo enterrado vivo que siempre tiene prisas, que bulle y que infarta las entrañas de la ciudad. Aquí he tenido cientos de flechazos que no han tenido más de dos paradas de duración, tres a lo sumo, lo que podría considerarse ya una relación. A veces, aunque haya asientos libres, me gusta ponerme al final del vagón para poder mirar descaradamente a la gente que se besa, que ríe, que llora, que lee, que hace que lee, que mira el móvil, que hace que mira el móvil… Los locos. Sigo alucinando con la cantidad de locos que hay en el metro. En realidad flipo con la cantidad de locos que tiene esta ciudad. ¡Y de ciegos! En casi un año he visto más ciegos y locos que en toda mi vida. Seguramente acabe como uno de ellos. En mi familia hay larga tradición de locos y yo ya me he pillado varias veces hablando solo. ¿Acaso escribir no es un forma de hablar solo?



viernes, 9 de octubre de 2015

LA CHICA DE LA CRUZ ROJA


   Julia, nieta, hija y viuda de militares, vivía con Yanira, su interna colombiana desde hacía diez años y con Franco, su chihuaha, en un ático del madrileño barrio de Salamanca. Sin hijos por la gracia de Dios, dedicaba su tiempo a libre a colaborar con la Cruz Roja. Ese día iría con Juana, un año más, por calles y plazas del distrito repartiendo banderitas además de pasear la hucha pero, antes de solidarizarse con la miseria para asegurarse la gloria, tomaron un descafeinado de máquina en una terraza de la Plaza de la Independencia. Entre sorbos Julia barruntaba lo quería confesarle a su amiga de toda la vida, compañeras de pupitre cuando estudiaron en las Hijas de la Caridad. Aquella tarde estaba siendo rara para las dos. La charla era algo inconexa. Se les acabó la taza. Juana escribió al aire para pedir la cuenta. Ella aprovechó su distracción para dibujarle su futuro:

- Juana, voy a casarme con Yanira.

Plaza de la Independencia, Madrid

domingo, 20 de septiembre de 2015

ROAR

   
   Carmela y Juan decidieron reunir a cada uno de sus cinco hijos en un sitio neutral por separado. Un lugar donde no hubiera posibilidad de discusión alguna entre ellos: un banco de la Gran Vía. Julia, la mayor, fue la última convocada, a las siete. Cuando llegó, se sentó en medio de los dos y le leyeron de viva voz, entre ruidos de coches y sirenas, su testamento en vida. Le endiñaron la yogurtera y un microondas con grill.


jueves, 17 de septiembre de 2015

DÍAS


Día 1 sin ti:
te echo tanto de menos que en mi reloj aún es ayer.

Día 2 sin ti:
no salgo de la cama,
aún estás conmigo, tan guapa
aunque sea en mis pesadillas.

Día 3 sin ti:
no llamas
y todo, las canciones, mi cama,
la pena, mi pecho, tu nombre, mi nombre con el tuyo,
tus fotos, mis trozos, nuestros restos,
comunica.

Día 4 sin ti:
me abandonaste a las tres en punto.
El reloj lleva cuatro días marcando las tres y cinco.

Día 5 sin ti:
tu ausencia aplastando mis entrañas.
Pareciera que han pasado por mi alma noventa años.

Día 6 sin ti:
hoy sólo he llorado escuchando a Andrés
y leyendo a Ernesto.
Voy mejorando.

Día 7 sin ti:
mi madre me ha besado las ojeras
y he salido del ataúd que es mi cama sin ti,
dejando al lado de la almohada una nota de resurrección.

Día 8 sin ti:
me he ido a dar un paseo a la playa,
ha llovido como si le hubieran roto el corazón al cielo
y he comprendido
que uno es de donde llora pero siempre
querrá ir donde ríe.

Día 9 sin ti:
no te olvido,
pero hoy he vuelto a reír de nuevo
y he sentido un anhelo reconfortante al abrir la ventana,
como si el aire barriera los fantasmas de mi suelo.

Día 10 sin ti:
he dejado de huir
porque me he dado cuenta de que soy la
única que sigue.
Tu recuerdo tampoco: se ha quedado atrás.
Creo que me acerco a la meta.

Día 11 sin ti:
me he olvidado de que te estaba olvidando
y te he olvidado.

Día 12 sin ti:
he conocido a alguien,
soy yo.
Voy a darme una oportunidad.

´Baluarte' de Elvira Sastre.

Madrid-Gran Vía, julio de 2015


martes, 8 de septiembre de 2015

A VISTA DE PÁJARO

   Se preguntaba a cuántos kilómetros estarían aquellas nubes. Las negras se fusionaban con las blancas dejando un pequeño claro entre ellas pero oscureciendo aquella tarde de septiembre en el pantano. Formaban y deformaban efímeras siluetas que intentaba relacionar siempre con algo: una cara que gritaba, un buda, un Goku, un Batman… Un pájaro de entre las blancas apareció, otro le siguió y entre las negras desaparecieron. Se preguntaba ahora qué habría sido de ellos, si morirían en la vorágine de aquellas nubes que se antojaban amenazantes, cada vez más negras. Se preguntaba también si les habrían visto desnudos desde allí arriba, cómo serían ellos a vista de pájaro. Giró la cara y al que tenía a su lado tumbado le hizo otra pregunta:
 
-Tú sabes que yo siempre te querré, ¿verdad?


(Foto de www.diariopilotoprivado.com)


lunes, 31 de agosto de 2015

EL COLUMPIO


  Una vez alguien, cuando mi vida era poco menos que un tango, me aconsejó que si encontraba la felicidad en un columpio me quedase toda la vida ahí montado. Probablemente, columpiarse y volar sean experiencias equiparables. Recuerdo de niño la sensación de cosquilleo, vértigo y libertad que encontraba al montarme en estos cacharros. Empujado al principio por mis padres hasta conseguir hacerlo yo solo. Volar, volar, volar… Éso me imaginaba cada vez que me impulsaba cuando era un mico. Estos quince días pasados, aparte de pasar volando, seguramente hayan sido los más felices de mi vida ya casi en cuarentena. La foto que mejor resume mis vacaciones es esta y es que he seguido el consejo que me dieron hace diez años a rajatabla: no he faltado ni un solo día a mi particular cita con la alegría. Gracias a todos los que de una forma u otra lo han impulsado para que yo pudiera balancearme en él. Llegarán las lluvias y el frío invierno pero yo me quedaré para siempre en este agosto a vivir.



martes, 11 de agosto de 2015

EL CREADOR DE SONRISAS


   Saúl tramaba y planeaba a principios de junio. A esos menesteres se había dedicado toda la mañana. Estudiante de Diseño, decidió no ir a clases ese día. Salió de casa a las nueve, cogió una bicicleta y tomó rumbo a la Barceloneta. Cuando llegó se encaramó en una papelera e imbuido en una vorágine de desazón recreó durante horas un presente y futuro infructuoso mirando al mar. Sabía que no tenía el suficiente talento como para terminar la carrera y que posiblemente acabaría regentando el resto de su vida la tiendecita de ultramarinos de su padre, ahora amenazada por una invasión de chinos y moros en la misma acera. Gordo, calvo y sudoroso, así se veía levantando la persiana de su mísero negocio en unos años. Cavilando y vaticinando se le pasó la mañana. Cuando miró su móvil eran ya las dos de la tarde. Tenía que marcharse y relevar a su padre. Decidió no regresar en bici para hacer lo que sería su última creación. Esperando el semáforo eligió a dos amigas como objetivo. Heterófobo y misógino confeso, no soportaba la imagen de MHYV que entre las chicas se había expandido por la ciudad. Poco antes de que el muñequito se pusiera en verde cogió de su mochila unas tijeras de patronaje. El muñequito comenzó a andar a la par que él y en medio del paso de cebra bloqueó el camino a la rubia "diseñando" sobre su rostro una perfecta sonrisa de Joker.

lunes, 3 de agosto de 2015

A CONTRAPELO

   Estaba a punto de cerrar cuando Manuel empujó la puerta. Vecino del bloque de arriba, siempre apuraba hasta el último momento para ir a cortarse el pelo jodiéndole esta vez al barbero el capítulo final de su serie favorita. A regañadientes giró la silla para que se sentara. Cortó una cinta blanca, se la enroscó bien prieta al cuello, le colocó la capa y mirándole a través del espejo le preguntó:

-¿Quieres que empiece por la barba?

- Como tú quieras…-le contestó mientras bicheaba el móvil.

   Así fue. Tras pasarle la brocha enjabonada por el rostro, deslizó la navaja a contrapelo comenzando desde el cuello. Paró un segundo, miró hacia el techo y de un corte seco le arrancó de cuajo la nuez.