Me lié la manta y todavía legañoso me senté en el sofá. Le di un sorbo al café y al primer bocado el mundo contuvo la respiración, la Tierra dejó de rotar y una lágrima cayó de mi mejilla "descarchando" la naranja del roscón: me había tocado el haba.
miércoles, 6 de enero de 2016
CAFÉ, LECHE Y HABAS
Me lié la manta y todavía legañoso me senté en el sofá. Le di un sorbo al café y al primer bocado el mundo contuvo la respiración, la Tierra dejó de rotar y una lágrima cayó de mi mejilla "descarchando" la naranja del roscón: me había tocado el haba.
martes, 22 de diciembre de 2015
MISA DE DOCE
Eran las doce y cinco de la mañana cuando dejaron de sonar las campanas
de la iglesia. Se aseguraba así que todo el pueblo estuviera metido en
misa viendo una representación viviente del nacimiento del niño Dios y
que no hubiera ni un Cristo en la calle. Ocurrió a las doce y siete de
aquel último domingo de otoño. Dos minutos le bastaron a Venancio para
coger su bicicleta, cruzar la plaza Mayor, entrar por la calle Larga
hasta meterse por la puerta falsa de la casa de Merceditas la
Polletona, la chati con la que había quedado por el Tinder.
miércoles, 9 de diciembre de 2015
TECHO Y COMIDA
Ya he encontrado piso. Otro. Me mudo dos
bloques "máh pallá" como diría en mi tierra. Claro que en mi tierra a
veces es difícil mudarse, incluso mantener la casa propia. Si bien es
cierto que allí tampoco hubiera tenido problemas hacerlo: puedo
presentar nóminas, contratos fijos y vidas laborales con más de quince
años cotizados. Además, al ser soltero y no tener cargas familiares,
tengo solvencia económica y más de la mitad de mis gastos desembocan
directamente al ocio. En mi tierra, en general en toda España pero en mi
tierra más, hay gente que no tiene preocupaciones para mí ahora
vitales. Gente que no maldice como yo el tener que fregar de nuevo los platos
porque mi nueva casa no tendrá lavavajillas; o porque no sabe si
comprarse un plasma de 30 o 500 pulgadas para ver todas las series de
Netflix; o gente que en su puta vida les asaltaría la duda de elegir un
color de sofá rojo o verde porque quede a juego con las cortinas del
salón. En mi tierra, en España también pero en mi tierra más, hay gente
que no tienen ni donde caerse muerto. Las vacaciones
pasadas lo comprobé in situ. Colaboré una noche en una ONG repartiendo
ropa de invierno y cenas en Málaga. Allí mis ojos, más pijos que nunca,
vieron muchas cosas. Vieron cómo me suplicaban repetir o rellenar en botellas de plástico "colacaos" aguados
de la marca Hacendado. Les daba igual de la marca que fuese porque ellos no estaban para
exquisiteces y es que hay gente a la que le importa también una mierda
el sempiterno debate de Cola cao o Nesquik, qué cosas… Pasarían más de
cien personas por aquella barra improvisada junto al río seco en el que algunos dormían bajo sus puentes. Aquella noche no concluí nada
pero sí que percibí que la gente no es pobre por que sí. No se nace
pobre, las circunstancias vitales les llevaron a ello. Más que pobres
eran excluidos sociales, marginados. Sí, eran de esos que nos
molestan porque están mellados o huelen mal. Había gente con carrera,
gente culta con problemas de pareja, drogas, alcohol, algunos incluso
bien vestidos. No olvidaré cómo un señor que
flipó con una chaqueta de cuadros que le dimos se daba tirones en la
solapa como si le fuera a ensanchar y le acabara estando buena.
Anoche fui al cine a ver Techo y Comida donde una descomunal Natalia
de Molina pone cara y voz a la gente que vuelca bombonas para calentar
el agua, que rebusca en las basuras de los supermercados para comer o
que inútilmente pone velas a santos y vírgenes creyendo que les sacarán de su mísera situación. Sí, en España mucha gente pobre que pone velas a
santos pero en mi tierra más. Rocío, su personaje, condenada a un
desahucio que poco a poco la va aplastando como una losa, lucha por
tener un respiro que le es negado una y otra vez. Es madre soltera,
sin familia, sin estudios y le ha tocado no tener billete en ese tren
de supuestas oportunidades que es la vida.
Hoy no me puedo quitar de la
cabeza la historia de Rocío. Es posible que mañana tampoco se me vaya.
Pasado mañana me llamará el casero para firmar el contrato de alquiler de
mi nuevo piso y negociaré con él un televisor de plasma o que me pinte
de blanco el salón. De vuelta a casa pensaré en las macetas de geranios
que voy a poner en mi balcón o en dónde meteré los más de trescientos
dvd´s que posiblemente me traiga de Málaga. ¿Dónde coño guardaré los
dos nórdicos que tengo, la bicicleta, los patines? Puto ordenador viejo, para Reyes me autorregalaré un Apple y el Iphone 6. ¡Sí, quiero el Iphone 6! El sofá, ¿sofá rojo o
verde?…
domingo, 22 de noviembre de 2015
MOMMY
Quienes me conocen saben que bailo como el culo pero aún así nunca he dejado de hacerlo. Desde pequeño, los espejos de mis ascensores han sido testigos de mis fechorías danzantes. No os quiero ni contar los “voguings” o “georgemiachelazos” que me marcaba yo a principios de los 90´s durante seis plantas. Quizá por timidez o por temor a que se me notara el lado femenino que implícito llevamos todos los maricas dentro, adopté en aquel entonces frente a mi público potencial una actitud hetera en las cuestiones del movimiento, con espasmos desacompasados no exentos de una presunta actitud chulesca. "Iberismo danzante" podría denominarse. Aquí en Madrid he bailado mucho. En los bares, en mi casa, en la de los de los demás. De vez en cuando voy a pisos en los que me recibe la gente bailando a deshora, sin motivo, sin necesidad de celebrar algo si acaso la alegría de vivir. Bailar como respuesta a la cosa chunga que a veces nos rodea, como medio catárquico para exorcizar nuestros miedos.
Anoche cuando vi Mommy, de Xavier Dolan, ocurrió la magia. Puto enfant terrible cómo lo amo. Cuando todo parece que se desmorona, que no hay solución ni escapatoria e irremediablemente se va a la puta mierda, el colega pone a sus personajes a bailar. Qué cabrón...
viernes, 20 de noviembre de 2015
EN BANDEJA
Me he encontrado esta bandeja en la basura. Mientras la fregaba con lejía pensaba en la cantidad de besayunos que en ella se habrán servido o en cómo una fulana harta de cuernos le plantó a su marido una sopa envenenada de puerros enmarcada en estas florecitas. Me gusta mi nueva bandeja, mi nueva propiedad. Es alegre, “Línea Primavera” pone en el envés. Se aproxima una mudanza, otra, y había decidido empezar de cero, sin arrastrar nada del pasado. Atrás quedarán los bloques del escaparate, o el taconazo olvidado de una inquilina o si me apuras el libro de Ana Rosa Quintana. Lo que no me ha hecho falta en un año posiblemente no me hará falta el próximo pero aquí me veis, acarreando con cosas de la calle antes de partir a un destino incierto. Me gusta mi bandeja porque después del fregoteo se ha quedado como nueva. No la compartiré ni besaré desayunos, almuerzos o cenas con futuros novios o follamigos que también encontraré en la calle. Me conozco demasiado.
martes, 17 de noviembre de 2015
EL HOMBRE IRRACIONAL
Fantaseó con la realidad e imaginó que aquel hombre que tenía
enfrente habría elegido la misma película que él, que sus entradas
marcarían asientos correlativos y que compartirían el apoya brazo en
aquella sala abierta sólo para los dos. Cuando salieran los títulos
finales le preguntaría a ritmo de jazz si le había gustado la última
irracionalidad de Woody Allen, echarle cara e invitarle a un café para
debatir el asunto. Del café pasarían a la cena, a una copa en su casa
para acabar follando como monos hasta quedarse dormidos, despertar
junto a él y encontrar en ese instante una felicidad extrema elevada a
un porcentaje infinitesimal rompiendo así el maleficio de
su tendenciosa dependencia emocional.
jueves, 12 de noviembre de 2015
LOS CUÑADOS
Salieron a correr esa tarde como casi todos los días. Era veroño, sí, noviembre y con treinta grados a las seis de la tarde de aquel miércoles. Verano, veranillo de San Miguel, veranillo de San Martín... Aquel año no hubo otoño, del verano pasaron directamente al averno. Luis y Carlos se conocían desde que eran unos chaveas, desde hacía más de veinte años. Carlos, un año menor, recordaba perfectamente aquel primer día de curso de 3º de BUP. Luis repetía en el mismo instituto y Carlos era nuevo en la ciudad. En el pasillo, antes de que empezara la clase de Filosofía, Carlos se percató del despiste propio del primer día que tenía el chaval y le ofreció un Fortuna. Un simple acto que bastó para eternizar aquella relación. Luis tiraba más por Letras, Carlos por Ciencias, por lo que separaron sus rumbos que no sus caminos. El primer año de facultad, Luis empezó a salir con la hermana de Carlos, dos años mayor que él así que de mejores amigos pasaron a ser cuñados, familia cuando lo rubricaron diez años después: el día de la boda. Carlos por su parte hizo el Erasmus en Bélgica donde conoció a un estudiante de Química polaco y se hicieron inseparables follamigos. El polaco encontró curro en una petroquímica catalana y continuó su lío con Carlos, pero cada vez más espaciado en el tiempo. Ni Luis, ni su hermana ni la madre que los parió se enteraron de nada. "Es un picha brava, el flautista de coñolín..." le llamaban sus colegas de toda la vida. Razón no les faltaba, cuando salían de juerga era el puto amo y se llevaba a todas de calle, que no de cama, y es que nunca consumaba. Claro que de eso no se quincaba nadie... Tras casi una hora corriendo pararon un rato en el espigón y de paso vieron el atardecer. Molaban los de ese mes raro. Luis se quitó la camiseta, Carlos dubitativo al principio, también. Carlos aprovechó aquel descanso para soltar de un tacada lo que en su cabeza rondaba los últimos siete kilómetros que habían trotado por el paseo marítimo. "De hoy no pasa que se lo diga." pensó. Miró a los ojos de su cuñado y desembuchó:
- Luis, todavía no me has pagado la Primitiva de esta semana.
- Luis, todavía no me has pagado la Primitiva de esta semana.
miércoles, 4 de noviembre de 2015
OSTRAS PEDRÍN
Madrid, Nuevos Ministerios. Salgo del metro, sí, ese lugar en el que me enamoro cientos de veces y
me mezclo entre la muchedumbre ejecutiva rumbo a Decathlon Golf para
devolver un polo blanco comprado para mi fiasco de disfraz de Halloween.
Voy moderno, sí, creo ir moderno con una gabardina gris, embutido en
unos skinnies y con unas zapatillas rojo chillón de New Balance. Al
menos eso me parece al verme en los espejos de El Corte Inglés de
Castellana que cruzo para darme un garbeíllo
entre la opulencia china allí naciente. Asqueado abro la puerta de
salida y respiro profundamente, como si acabara de salir de un váter
lleno de mierda a lo Trainspotting. Me vuelvo a diluir entre chaquetas
negras con cabezas que hablan como locas por el móvil pero para
desilusión mía no oigo a ningún bróker que grite ¡Compra, compra!' ni
nada parecido. Sólo acierto a entender a uno que tras dar una calada a
un puro y apestarme con el humo emite una expresión arcaíca, jurásica y
antediluviana que hace que me quede literalmente con toda la cara
partía. ¡Ostras Pedrín!, va y dice el tío por su iPhone. Qué chasco
prima...
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