jueves, 7 de abril de 2016

PABLO Y JULIA


   Pablo publicaba nueva novela esa semana y Julia contaba los minutos para poder leerla. Julia y Pablo estuvieron liados en la facultad cuando los dos estudiaban Filología Hispánica. Éso es lo que contaba ella a sus amigas cada vez que veía algún libro suyo en los escaparates. En realidad sólo se liaron una noche; apenas un magreo, un “petting”, unas pajillas, pero a Julia le duró el cuelgue los cuatro años de carrera. Pablo acabó con un expediente plagado de Matriculas de Honor y con el tiempo, además convertirse en multipremiado escritor, se hizo cargo del Instituto Cervantes de Marruecos. Julia, sin embargo, tomó otras vías, la Gran Vía, logrando ser encargada de un Burger King de allí. A las ocho la tarde Julia acabó su turno y se fue a los jardines del Templo Debod para disfrutar de los últimos rayos de Sol y del libro de Pablo descargado la noche anterior. Sólo le bastó leer las primeras líneas para acabar con la ilusión que tenía en ser la protagonista de su nueva obra. En el primer párrafo de la primera página, una tal Julia Salas era atropellada por un autobús…




martes, 5 de abril de 2016

TERESA


   Teresa trabajó como camarera de piso durante quince años en el Hotel Wellington de Madrid. Joven y bonita, tenía una mata de pelo tan larga que siempre la llevaba recogida con una trenza. Una noche, cuando estaba a punto de terminar su turno fue llamada a despacho por el director. Temía que la echasen como a Marga, que fue acusada de haber robado de la habitación de una inglesa un anillo de brillantes. Ella hacía unas semanas que se metió bajo el mandil unos gemelos del marqués de la 212 que acabaron en los puños de su novio Antonio por su primer aniversario. Le temblaban hasta las pestañas cuando dio dos toquecitos a la puerta del despacho de don Arturo. Se equivocó. Su jefe, puro en mano, le comentó que un torero que se acababa de hospedar en el hotel, un tal Manuel Benítez, la había visto subir en el ascensor de servicio y quería invitarle a cenar marisco en el restaurante. Ella ofendida rechazó la invitación. Teresa por aquel entonces era muy tímida pero tenía muy mal pronto y le contestó hecha un obelisco que tenía pretendiente y que ella no era ninguna puta.


   Teresa ya está jubilada y con el paso de los años no ha matado a nadie ni lleva la cabeza de ningún muerto en la bolsa de su derecha, no. Teresa lo único muerto que lleva en la bolsa es un pollo troceado y demás avíos para hacer puchero. Venía del mercado y cada vez que tenía la oportunidad contaba con una sinvergonzonería adquirida con los años la anécdota del torero. Ésa y la de que se peleó a tirones de pelos y tarascadas con una encargada sargentona que tenía al poco tiempo de empezar a trabajar en el recién inaugurado El Corte Inglés de Preciados. “La dejé la cara como un código de barras…”, se jactaba entre risotadas…




martes, 22 de marzo de 2016

DOMINGO DE RAMOS

   Entrar a museos suele ser para mí una experiencia sensorial emocionante. Hacerlo con mi madre es cuanto menos trepidante...


   Domingo de Ramos, Monasterio del Escorial. Mi mamá puede que sea la más guapa, simpática y jovial del mundo mundial pero prudente, lo que se dice prudente, no lo es. Cuando entró en el ala dedicada al Palacio de los Borbones, toqueteó todos los tapices cinegéticos, cómodas y demás enseres reales. Ella se tomó muy al pie de la letra lo de que Patrimonio Nacional era patrimonio de todos y encantada estaba, como en casa, haciéndose selfies con todo el brillío que se le pusiera por delante. En todas las fotos ocultaba cualquier atisbo de arte, no en vano lo más importante del retrato era ella, no lo de atrás y para flamenco su estilito. Los seguratas, tras advertirla varias veces, estuvieron a punto de llevarla a calabozo cuando intentó saltarse el cordón para ver más de cerca el retrete de madera del baño de la reina. Avergonzado tras ver cómo manoseaba la obra de Goya, planté mis rodillas en un reclinatorio de la Basílica para suplicarle a Dios que la Tierra me tragase y me mandase a Plutón. Más relajadita tras la bronca, entramos en unas salas de enormes cuadros y nos detuvimos frente uno colosal de Tiziano. Estábamos contemplando embobados la obra cuando de repente gritó exaltada:

-¡Oy! ¡¡Pero si hay trece apóstoles!! ¡Mira, uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece y con el Señor, catorce! ¡Pero eso cómo va a ser!

   La sala era enorme y el eco expandió aquel chillido hasta el infinito. La gente comenzó a arremolinarse en torno a nosotros.. Nadie daba crédito. Efectivamente, había catorce personas pintadas en aquella escena. Un murmullo constante se apoderó de aquel salón...

-¡A ver si va a ser un camareiro!- apostilló una señora gallega buscando su minuto de gloria.

   Lo consiguió. Más de treinta personas congregadas alrededor de la obra le rieron la gracia. Una segurata porra en mano se acercó para poner orden y cuando le preguntaron por el presunto error bíblico nos dio a todos una improvisada lección de arte. En aquel lienzo encargado por Felipe II, el mismísimo Tiziano en un acto de egolatría decidió "colarse" en aquella cena. Dimos por buena aquella historia y el grupo comenzó a disolverse. Yo me quedé un ratillo más sacándole punta al cuadro percatándome de que uno de los apóstoles, el de rosa, además de amanerado era mucho más guapo que Jesús y de que una misteriosa mano con una bandeja de fruta asomaba por el lado superior derecho, la mano del apostol número catorce. Salido de mi trance sensorial, me di la vuelta y no había ni rastro de mi madre. Había desaparecido entre aquellos fríos muros, una vez más. La encontré minutos más tarde varias salas adelante, descansando, sentada en la sillita de la reina...




lunes, 14 de marzo de 2016

SEXY BOY

   
   
   Hay noches en las que salgo a la calle tó guapo y maqueao con esos gayumbos de la suerte que siempre algún maromo me acaba arrancando a bocaos. Noches en las que hago una entrada estelar bajando las escaleras de la discoteca a lo Mayra Gómez Kemp con el ego por las nubes y presiento que la cola del guardarropa se ha girado asombrada y babeante. Noches que tras cuatro horas de chunda chunda y seis gin tonics en el cuerpo no se me ha acercado ni un puto ser humano ni para decirme un "ahí te pudras mariconazo". Sí, hay noches, esas noches como la de anoche...


sábado, 12 de marzo de 2016

VERANO DEL 88

    
   En el verano del ochenta y ocho yo ya tenía pelos en los sobacos, en los huevos y unos extraños botones que me reventaban las tetas. Óscar también. Así nos lo confesamos en las duchas de una colonia que organizaba la parroquia del barrio todos los veranos en la costa este. Bajo el chorro de agua nos bajamos el bañador y nos enseñamos el bigote de nuestras pililas. A pesar de estar en pleno desarrollo yo, no tenía sexualidad alguna y sólo me llamó la atención que la cuca de Óscar era más chica que la mía. Yo por aquel entonces era macho alfa y gritaba a los cuatro vientos que estaba enamorado de la hermana de mi más mejor amigo, que también estaba en la colonia, a la que por San Valentín regalé una Giovanna con una notita que entre otras lindezas rezaba esto: " ...y un tío que es amigo, te quiere pedir que si quieres salir conmigo...” Elena le pidió permiso a su madre para ser mi novia, ella le dijo que no y frustraron mi historia de amor.
   En aquel edificio, un seminario de curas prestado por el Obispado, dormía con mi más mejor amigo y con mi segundo más mejor amigo de aquel año en una habitación contigua a la de los monitores. Además de muro, compartíamos puerta. Yo era un inexperto alobado de la vida pero muy bicho y aprovechaba por las noches cuando mis compañeros se quedaban sobados para espiar por el ojo de la cerradura. El edificio era muy antiguo y los ojos de cerraduras de aquellas puertas eran enormes. Una noche le vi el pito a uno de los monitores cuando salía de la ducha. Eso ya era otra cosa, no lo de Óscar y sí me dio más impresión. Otra madrugada vi cómo entró una monitora y tras besarse un ratillo con otro monitor, éste le metió su cosita a un ritmo uniformemente acelerado, cada vez más endiablado. No sabía qué estaba pasando pero a ella parecía gustarle por lo que no pedí auxilio. Esa noche apenas dormí y las pocas horas que lo hice tuve pesadillas con aquel meneo de Satanás.
   Durante aquellos diez días de convivencia, después del almuerzo, nos obligaban a refugiarnos en las penumbra de nuestros aposentos para dormir la siesta, a lo Escarlata O´hara antes de un baile. Mis dos mejores amigos cumplían a rajatabla este asueto pero yo me aburría y al segundo día me escapaba todas las tardes al otro ala del complejo, donde estaban las chicas. Acababa siempre refugiándome en la habitación que Elena compartía con sus dos más mejores amigas: Julita y Almu. Con una silla apontocada en el pestillo, compartíamos chismes y risas. Las chicas eran mucho más divertidas que los chicos dónde va a parar y el miedo a ser pillados nos daba vidilla. No podíamos hacer mucho ruido porque la ventana daba a un patio interior y justo enfrente teníamos la habitación del Julia, la madre de Julita, la segunda mejor amiga de Elena. Julia era catequista y principal promotora de aquellas actividades donde el amor a Dios y al prójimo era todo uno. Ella era muy profesional y aquella hermandad se la tomaba al pie de la letra. Una tarde, en un silencio sólo quebrantado por las chicharras a esa hora, oímos los cuatro un traqueteo procedente de aquella habitación. Pegué un bote de la cama de Elena, descorrí un poco el visillo y me dio tiempo a ver cómo don Juan, el cura de la parroquia, corría rápidamente los de la ventana de Julia. “No se ve nada”, les dije a las niñas. Me callé aquello para siempre, como una zorra. A los nueve meses, Julita tuvo un hermanito. Juanito le llamaron...




lunes, 7 de marzo de 2016

BENIYORK



   Benidorm mola. Nuestro Manhattan patrio es feo, hortera y mastondóntico pero tiene su puntito. La palabra exacta sería "trashy" como me definieron una vez unos guiris a Torremolinos. Esta ciudad está hecha por y para el ocio. Ocio para mayores, el más merecido no obstante. Da gusto ver cómo se reúnen en el paseo decenas de viejos para tomar el Sol o cantando en la playa a viva voz, cancionero en mano, 'La bella Aurora' o el 'Volver, volver' ,entre otras, sin tener la más mínima vergüenza por desafinar; o grupos de señoras recién conocidas en el hotel que revoltillean souvenirs y compiten entre ellas por ser la más graciosa; o esposas que desuellan por ligera delante de sus maridos a la solterona que repite por tercera vez el mismo viaje del Imserso. Admitamos que criticar al prójimo siempre ha sido un pasatiempo entretenido. Y sí, he tenido otro amor instantáneo al pasar delante de un muchacho extranjero, guapísimo y sin piernas que iba en silla de ruedas. Amor correspondido porque al girar la cabeza me ha devuelto la mirada.

    Yo también iba sobre ruedas. Me he pasado toda la mañana patinando recorriéndome en camiseta este paseo marítimo con música en los cascos. Patinar me libera, tanto como escribir y el sexo. Ni un batido de Orfidal conseguiría el efecto relajante que estas tres cosas me producen y durante unas horas me he olvidado de lo que me trajo hasta aquí: el jodido estrés de Madrid, ciudad que sé que está hecha para mí, pero que aún no sé si yo para ella. Cada vez más, eso sí, poco a poco. Madrid es como una droga que sabiendo que es mala te engancha. Ya me he acostumbrado a la hostilidad del tiempo y de algunas de sus gentes así como a su frenético ritmo de trabajo donde, como una vez leí, comes mierda para cagar oro, pero echo en falta algo que mi tierra me daba en cantidades industriales: reírme más.

    Patinar, escribir, follar y reír. De estos cuatro deseos, en Benidorm ya he cumplido tres.



lunes, 29 de febrero de 2016

LA IMPORTANCIA DE LLAMARME ERNESTO


    Me llamo Antonio José pero todo el mundo me conoce como Ernesto. No, no soy testigo protegido y sí, soy así de chulo. Hasta los diez años fui Antonio José para mis titos, mis primos, mis hermanos, mis padres y mis escasos amigos, o amigas para qué negarlo, porque siempre fui más de amigas que de amigos dato por otra parte bastante revelador porque señoras madres que me leen, no se equivoquen: si su hijo tiene más amigas que amigos no significa ni mucho menos que sea un macho alfa que viene a ser lo mismo que pensar que si su hijo decide vestirse de marinerito para hacer la comunión es porque tiene pretensiones en el futuro de defender la patria. Bueno que me lío. Hasta los diez años era feliz llamándome Antonio aunque de vez en cuando algún gilipollas me cantara lo de “Antoñito, huevo frito, tortilla de bacalao, que tu novia no te quiere porque estás medio chalao…” Feliz llamándome así hasta que en 4º de EGB vino un niño nuevo a clase que también se llamaba Antonio, más feo y dentúo que yo por supuesto, y hubo que decidir. La señorita Feli me preguntó que cómo me quería llamar y podría haber dicho Bruno, el ricitos de la serie 'Fama' del que estaba perdidamente enamorado; o Toni como Toni Cantó presentador de moda en aquella época del que también estaba perdidamente enamorado. Sí, a los diez años estaba perdidamente enamorado de Bruno, de Toni y de una Madonna ochentera emergente, para compensar. Me decanté finalmente por el nombre de Ernesto. Recordé en ese momento lo que me habían contado mis padres desde chiquitillo y ya había leído que era importante llamarse así. Imagináos lo que esta importancia suponía para alimentar mi ego. Cuando nací, me inscribieron en el Registro como Antonio José pero en el bautizo apunto estuve de perecer ahogado en la pila bajo el aristocrático nombre de Antonio José Ernesto porque un médico que se llamaba así curó de la vista a mi padre. Este dato sólo aparece en los papeles de la Iglesia y como tengo claras intenciones de apostatar, no sé si algún santo día veré mi nombre completo escrito sobre blanco pues ni en el DNI ni en ninguna otra oficialidad existo como tal. Llegados a este punto después de “tal":

   ¿Sabéis el puto coñazo que ha significado contar esta historia durante los siguientes treinta años de mi vida para explicar por qué cojones me llamo Ernesto?...

sábado, 27 de febrero de 2016

CINECENA


    No os he contado que me he quitado el luto y he quedado con un señor para un cinecena. Digo señor porque tenía el sujeto en cuestión cuarenta y dos tacos aparentando cuarenta y seis y claro, uno que todavía merodea a duras penas la treintena pues como que cualquier cosa con patas con cuatro décadas es para mí ya un señor, caballero, galán, hidalgo o cualquier sinónimo que se le pueda poner a alguien con cuarenta y dos points. Lo sé, estoy siendo cruel y quizá sé me pudiera tachar de gerontófobo pero confieso que le estoy cogiendo un pavor que te cagas a eso de plantarle un cuatro a mi edad.

   Sigo. El ingeniero, sí, era ingeniero con piso propio que uno ya tiene altura de miras, me dijo de quedar a las 16:50 en la parada de metro de al lado de casa. A mí esa exactitud matemática para citarnos ya me tocaba un poco las pelotas para qué os voy a engañar y estaba un poco de cojones cuando llegué. Allí me encontré con un calvo feo gordo sentado en un banco bebiendo un Monster verde que me miró fijamente… "Hijo puta me la ha metido doblada con la foto" farfullé. Me hice la sueca y me di media vuelta cagándome en su puñetera madre cuando me topé de frente con el verdadero R., el señor mayor con el que quedé este domingo pasado.

   Quedar con alguien por primera vez es un puto coñazo. Quedar con alguien por primera vez es volver a poner el play para contar tu vida oooooooootra vez y si a eso le añadimos que aquí en Madrid soy andaluz, pues de vez en cuando una extraña fuerza me obliga a soltar alguna que otra gracieta para que no se percaten de la mala follá granaína que llevo implícita en mi ADN y a mí todo eso me estresa mucho.

    La película al caballero no le gustó: que si la sala era muy pequeña, que si estábamos muy lejos de la pantalla, que si los cines Palafox eran mil veces mejor que los Renoir... He de admitir que le metí casi a la fuerza en una sala VOSE y es que uno, a pesar de ser panadero y no tener estudios acabados, va por la vida de intelectuala yendo a museos raros, a presentaciones de libros, a teatros indies y a cines en VOSE tragándome todas las letras finales y luego pasa lo que pasa, que descoloco mucho al personal. R. no me convencía mucho aunque debajo de aquel plumas hortero amarillo del C&A prometía buenas hechuras e incluso gastaba un buen culete pero era su cara lo que me desconcertaba. No es que R. fuera feo, que no lo era, es más, de más joven tuvo que ser un chorvo, pero cuando le hablaba de frente me aterraba la idea de que en dos años yo pudiera tener esa ristra de arrugas plantada en mi caruflo y eso la verdad que me desestabilizaba tela...

    Me ahorraré el tramo de la soporífera cena a las 20:17 por vuestro bien. Cuando salimos del Friday´s después de hincarnos media costilla Jack Daniel´s hablando solamente yo como un puto loro con la boca llena, nos subimos en el metro y a la salida en el mismo punto de encuentro nos despedimos con dos besos corteses. "Qué chasco.." pensé de retirada a casa mientras falso de mí le escribía un whatsapp:

"Illo, me has caído tó bien :)"

"Tú también neno, has sido una grata sorpresa... :)", me contesta el ioputa.

"Grata sorpresa. Grata sorpresa. Grata sorpresa...." retumbaba en mi cabeza subiendo en el ascensor. ¿Grata sorpresa? ¿Qué soy ahora? ¿Un huevo Kinder?...


lunes, 15 de febrero de 2016

EVA

   Mi primer amor se llamó Eva, como la primera mujer. Eva y yo íbamos a la misma guardería y con tres años nos dábamos besos babosos debajo de la banca e incluso una vez le toqué su no teta. No se me olvidará nunca aquella rara sensación húmeda al rozar sus labios con los míos. Eva y yo nos gustábamos mucho y pasábamos el día juntos rodeados de mocos, plastilinas, ceras y cartillas Palau. Un día, nuestro amor se truncó y se fue a la mierda: literalmente. La señorita Pilar estaba limándose las uñas y en un alzar la vista nos pilló dándonos un pico. Descruzó las piernas, soltó la lima y se fue para nosotros con una regla atizándonos varias veces en la palma de la mano. No contenta con esta humillación, nos mandó a cada uno a una punta de la clase mirando contra la pared. A Eva desde la otra esquina podía oírla llorar desconsolada y yo, queriendo preservar mi hombría, quise aguantar el tipo pero me puse muy nervioso y me hice caca encima. La señorita Pilar zanjó aquel esperpento llamando a casa para que me limpiara mi puñetera madre.

   Desde aquel día Eva y yo nunca volvimos a ser novios. La mami de ella, una viciosa fija del Bingo París según la mía, fue informada de nuestro affaire y le prohibió tener contacto alguno conmigo. En el aula yo pasé a ser invisible para ella y enfuruñado la veía cómo se juntaba con otros niños para hacer figuritas de plastilina, especialmente con Dieguito. No entendía ese pasotismo ni que me hiciese vacío aunque por ese entonces ni siquiera entendiera estos conceptos. Un día mi amor por ella mutó en odio y me vengué. Raulito cumplía años y repartió a toda la clase caramelos Sugus. Cogí cuatro y me los metí del tirón en la boca. Le cantamos el "Cumpleaños Feliz" y aplaudimos. Aproveché el follón para ponerme detrás de ella pegarle los caramelos ya hechos bola de chicle en su pelo rubio, su precioso y largo pelo rubio.

   Eva al día siguiente vino a la guarde con el pelo corto a lo garçon. Al verla aparecer, no pude evitar volver a enamorarme...

miércoles, 6 de enero de 2016

CAFÉ, LECHE Y HABAS

  
   Me lié la manta y todavía legañoso me senté en el sofá. Le di un sorbo al café y al primer bocado el mundo contuvo la respiración, la Tierra dejó de rotar y una lágrima cayó de mi mejilla "descarchando" la naranja del roscón: me había tocado el haba.

martes, 22 de diciembre de 2015

MISA DE DOCE


   Eran las doce y cinco de la mañana cuando dejaron de sonar las campanas de la iglesia. Se aseguraba así que todo el pueblo estuviera metido en misa viendo una representación viviente del nacimiento del niño Dios y que no hubiera ni un Cristo en la calle. Ocurrió a las doce y siete de aquel último domingo de otoño. Dos minutos le bastaron a Venancio para coger su bicicleta, cruzar la plaza Mayor, entrar por la calle Larga hasta meterse por la puerta falsa de la casa de Merceditas la Polletona, la chati con la que había quedado por el Tinder.



miércoles, 9 de diciembre de 2015

TECHO Y COMIDA


    Ya he encontrado piso. Otro. Me mudo dos bloques "máh pallá" como diría en mi tierra. Claro que en mi tierra a veces es difícil mudarse, incluso mantener la casa propia. Si bien es cierto que allí tampoco hubiera tenido problemas hacerlo: puedo presentar nóminas, contratos fijos y vidas laborales con más de quince años cotizados. Además, al ser soltero y no tener cargas familiares, tengo solvencia económica y más de la mitad de mis gastos desembocan directamente al ocio. En mi tierra, en general en toda España pero en mi tierra más, hay gente que no tiene preocupaciones para mí ahora vitales. Gente que no maldice como yo el tener que fregar de nuevo los platos porque mi nueva casa no tendrá lavavajillas; o porque no sabe si comprarse un plasma de 30 o 500 pulgadas para ver todas las series de Netflix; o gente que en su puta vida les asaltaría la duda de elegir un color de sofá rojo o verde porque quede a juego con las cortinas del salón. En mi tierra, en España también pero en mi tierra más, hay gente que no tienen ni donde caerse muerto. Las vacaciones pasadas lo comprobé in situ. Colaboré una noche en una ONG repartiendo ropa de invierno y cenas en Málaga. Allí mis ojos, más pijos que nunca, vieron muchas cosas. Vieron cómo me suplicaban repetir o rellenar en botellas de plástico "colacaos" aguados de la marca Hacendado. Les daba igual de la marca que fuese porque ellos no estaban para exquisiteces y es que hay gente a la que le importa también una mierda el sempiterno debate de Cola cao o Nesquik, qué cosas… Pasarían más de cien personas por aquella barra improvisada junto al río seco en el que algunos dormían bajo sus puentes. Aquella noche no concluí nada pero sí que percibí que la gente no es pobre por que sí. No se nace pobre, las circunstancias vitales les llevaron a ello. Más que pobres eran excluidos sociales, marginados. Sí, eran de esos que nos molestan porque están mellados o huelen mal. Había gente con carrera, gente culta con problemas de pareja, drogas, alcohol, algunos incluso bien vestidos. No olvidaré cómo un señor que flipó con una chaqueta de cuadros que le dimos se daba tirones en la solapa como si le fuera a ensanchar y le acabara estando buena.

    Anoche fui al cine a ver Techo y Comida donde una descomunal Natalia de Molina pone cara y voz a la gente que vuelca bombonas para calentar el agua, que rebusca en las basuras de los supermercados para comer o que inútilmente pone velas a santos y vírgenes creyendo que les sacarán de su mísera situación. Sí, en España mucha gente pobre que pone velas a santos pero en mi tierra más. Rocío, su personaje, condenada a un desahucio que poco a poco la va aplastando como una losa, lucha por tener un respiro que le es negado una y otra vez. Es madre soltera, sin familia, sin estudios y le ha tocado no tener billete en ese tren de supuestas oportunidades que es la vida.

   Hoy no me puedo quitar de la cabeza la historia de Rocío. Es posible que mañana tampoco se me vaya. Pasado mañana me llamará el casero para firmar el contrato de alquiler de mi nuevo piso y negociaré con él un televisor de plasma o que me pinte de blanco el salón. De vuelta a casa pensaré en las macetas de geranios que voy a poner en mi balcón o en dónde meteré los más de trescientos dvd´s que posiblemente me traiga de Málaga. ¿Dónde coño guardaré los dos nórdicos que tengo, la bicicleta, los patines? Puto ordenador viejo, para Reyes me autorregalaré un Apple y el Iphone 6. ¡Sí, quiero el Iphone 6! El sofá, ¿sofá rojo o verde?…


domingo, 22 de noviembre de 2015

MOMMY


   Quienes me conocen saben que bailo como el culo pero aún así nunca he dejado de hacerlo. Desde pequeño, los espejos de mis ascensores han sido testigos de mis fechorías danzantes. No os quiero ni contar los “voguings” o “georgemiachelazos” que me marcaba yo a principios de los 90´s durante seis plantas. Quizá por timidez o por temor a que se me notara el lado femenino que implícito llevamos todos los maricas dentro, adopté en aquel entonces frente a mi público potencial una actitud hetera en las cuestiones del movimiento, con espasmos desacompasados no exentos de una presunta actitud chulesca. "Iberismo danzante" podría denominarse. Aquí en Madrid he bailado mucho. En los bares, en mi casa, en la de los de los demás. De vez en cuando voy a pisos en los que me recibe la gente bailando a deshora, sin motivo, sin necesidad de celebrar algo si acaso la alegría de vivir. Bailar como respuesta a la cosa chunga que a veces nos rodea, como medio catárquico para exorcizar nuestros miedos.


   Anoche cuando vi Mommy, de Xavier Dolan, ocurrió la magia. Puto enfant terrible cómo lo amo. Cuando todo parece que se desmorona, que no hay solución ni escapatoria e irremediablemente se va a la puta mierda, el colega pone a sus personajes a bailar. Qué cabrón...


viernes, 20 de noviembre de 2015

EN BANDEJA


   Me he encontrado esta bandeja en la basura. Mientras la fregaba con lejía pensaba en la cantidad de besayunos que en ella se habrán servido o en cómo una fulana harta de cuernos le plantó a su marido una sopa envenenada de puerros enmarcada en estas florecitas. Me gusta mi nueva bandeja, mi nueva propiedad. Es alegre, “Línea Primavera” pone en el envés. Se aproxima una mudanza, otra, y había decidido empezar de cero, sin arrastrar nada del pasado. Atrás quedarán los bloques del escaparate, o el taconazo olvidado de una inquilina o si me apuras el libro de Ana Rosa Quintana. Lo que no me ha hecho falta en un año posiblemente no me hará falta el próximo pero aquí me veis, acarreando con cosas de la calle antes de partir a un destino incierto. Me gusta mi bandeja porque después del fregoteo se ha quedado como nueva. No la compartiré ni besaré desayunos, almuerzos o cenas con futuros novios o follamigos que también encontraré en la calle. Me conozco demasiado.


martes, 17 de noviembre de 2015

EL HOMBRE IRRACIONAL


   Fantaseó con la realidad e imaginó que aquel hombre que tenía enfrente habría elegido la misma película que él, que sus entradas marcarían asientos correlativos y que compartirían el apoya brazo en aquella sala abierta sólo para los dos. Cuando salieran los títulos finales le preguntaría a ritmo de jazz si le había gustado la última irracionalidad de Woody Allen, echarle cara e invitarle a un café para debatir el asunto. Del café pasarían a la cena, a una copa en su casa para acabar follando como monos hasta quedarse dormidos, despertar junto a él y encontrar en ese instante una felicidad extrema elevada a un porcentaje infinitesimal rompiendo así el maleficio de su tendenciosa dependencia emocional.

   Un minuto, lo que tardó en tunear la foto que le hizo para subirla a Instagram, le duró aquella ensoñación. Todo se fue a la mierda cuando al hombre que tenía enfrente se le acercó una rubia para plantarle un beso en los morros.


jueves, 12 de noviembre de 2015

LOS CUÑADOS

   
   Salieron a correr esa tarde como casi todos los días. Era veroño, sí, noviembre y con treinta grados a las seis de la tarde de aquel miércoles. Verano, veranillo de San Miguel, veranillo de San Martín... Aquel año no hubo otoño, del verano pasaron directamente al averno. Luis y Carlos se conocían desde que eran unos chaveas, desde hacía más de veinte años. Carlos, un año menor, recordaba perfectamente aquel primer día de curso de 3º de BUP. Luis repetía en el mismo instituto y Carlos era nuevo en la ciudad. En el pasillo, antes de que empezara la clase de Filosofía, Carlos se percató del despiste propio del primer día que tenía el chaval y le ofreció un Fortuna. Un simple acto que bastó para eternizar aquella relación. Luis tiraba más por Letras, Carlos por Ciencias, por lo que separaron sus rumbos que no sus caminos. El primer año de facultad, Luis empezó a salir con la hermana de Carlos, dos años mayor que él así que de mejores amigos pasaron a ser cuñados, familia cuando lo rubricaron diez años después: el día de la boda. Carlos por su parte hizo el Erasmus en Bélgica donde conoció a un estudiante de Química polaco y se hicieron inseparables follamigos. El polaco encontró curro en una petroquímica catalana y continuó su lío con Carlos, pero cada vez más espaciado en el tiempo. Ni Luis, ni su hermana ni la madre que los parió se enteraron de nada. "Es un picha brava, el flautista de coñolín..." le llamaban sus colegas de toda la vida. Razón no les faltaba, cuando salían de juerga era el puto amo y se llevaba a todas de calle, que no de cama, y es que nunca consumaba. Claro que de eso no se quincaba nadie... Tras casi una hora corriendo pararon un rato en el espigón y de paso vieron el atardecer. Molaban los de ese mes raro. Luis se quitó la camiseta, Carlos dubitativo al principio, también. Carlos aprovechó aquel descanso para soltar de un tacada lo que en su cabeza rondaba los últimos siete kilómetros que habían trotado por el paseo marítimo. "De hoy no pasa que se lo diga." pensó. Miró a los ojos de su cuñado y desembuchó:

- Luis, todavía no me has pagado la Primitiva de esta semana.


miércoles, 4 de noviembre de 2015

OSTRAS PEDRÍN


     Madrid, Nuevos Ministerios. Salgo del metro, sí, ese lugar en el que me enamoro cientos de veces y me mezclo entre la muchedumbre ejecutiva rumbo a Decathlon Golf para devolver un polo blanco comprado para mi fiasco de disfraz de Halloween. Voy moderno, sí, creo ir moderno con una gabardina gris, embutido en unos skinnies y con unas zapatillas rojo chillón de New Balance. Al menos eso me parece al verme en los espejos de El Corte Inglés de Castellana que cruzo para darme un garbeíllo entre la opulencia china allí naciente. Asqueado abro la puerta de salida y respiro profundamente, como si acabara de salir de un váter lleno de mierda a lo Trainspotting. Me vuelvo a diluir entre chaquetas negras con cabezas que hablan como locas por el móvil pero para desilusión mía no oigo a ningún bróker que grite ¡Compra, compra!' ni nada parecido. Sólo acierto a entender a uno que tras dar una calada a un puro y apestarme con el humo emite una expresión arcaíca, jurásica y antediluviana que hace que me quede literalmente con toda la cara partía. ¡Ostras Pedrín!, va y dice el tío por su iPhone. Qué chasco prima...



lunes, 2 de noviembre de 2015

LO MEJOR

   
   Lo mejor de Madrid está bajo tierra. Un mundo enterrado vivo que siempre tiene prisas, que bulle y que infarta las entrañas de la ciudad. Aquí he tenido cientos de flechazos que no han tenido más de dos paradas de duración, tres a lo sumo, lo que podría considerarse ya una relación. A veces, aunque haya asientos libres, me gusta ponerme al final del vagón para poder mirar descaradamente a la gente que se besa, que ríe, que llora, que lee, que hace que lee, que mira el móvil, que hace que mira el móvil… Los locos. Sigo alucinando con la cantidad de locos que hay en el metro. En realidad flipo con la cantidad de locos que tiene esta ciudad. ¡Y de ciegos! En casi un año he visto más ciegos y locos que en toda mi vida. Seguramente acabe como uno de ellos. En mi familia hay larga tradición de locos y yo ya me he pillado varias veces hablando solo. ¿Acaso escribir no es un forma de hablar solo?



viernes, 9 de octubre de 2015

LA CHICA DE LA CRUZ ROJA


   Julia, nieta, hija y viuda de militares, vivía con Yanira, su interna colombiana desde hacía diez años y con Franco, su chihuaha, en un ático del madrileño barrio de Salamanca. Sin hijos por la gracia de Dios, dedicaba su tiempo a libre a colaborar con la Cruz Roja. Ese día iría con Juana, un año más, por calles y plazas del distrito repartiendo banderitas además de pasear la hucha pero, antes de solidarizarse con la miseria para asegurarse la gloria, tomaron un descafeinado de máquina en una terraza de la Plaza de la Independencia. Entre sorbos Julia barruntaba lo quería confesarle a su amiga de toda la vida, compañeras de pupitre cuando estudiaron en las Hijas de la Caridad. Aquella tarde estaba siendo rara para las dos. La charla era algo inconexa. Se les acabó la taza. Juana escribió al aire para pedir la cuenta. Ella aprovechó su distracción para dibujarle su futuro:

- Juana, voy a casarme con Yanira.

Plaza de la Independencia, Madrid

domingo, 20 de septiembre de 2015

ROAR

   
   Carmela y Juan decidieron reunir a cada uno de sus cinco hijos en un sitio neutral por separado. Un lugar donde no hubiera posibilidad de discusión alguna entre ellos: un banco de la Gran Vía. Julia, la mayor, fue la última convocada, a las siete. Cuando llegó, se sentó en medio de los dos y le leyeron de viva voz, entre ruidos de coches y sirenas, su testamento en vida. Le endiñaron la yogurtera y un microondas con grill.