martes, 25 de diciembre de 2012

CERVEZA CALIENTE


  La noche me pareció insuficiente y decidí que el amanecer me hiciera monarca. Serían las seis de la mañana y casi todos los bares estaban cerrados. Borracho perdido, camino del coche, decidí meterme en DISCOCK. Lo había visto todo en películas pero quería verlo in situ,  con mis propios ojos. Mirar, pues no tenía la más mínima intención de participar, a pesar de mi recién reestrenada soltería y que quizá no me viniese mal darle algo de vidilla a mi ya exigua vida sexual. Pagué un ticket por valor de dos cervezas y me quité la camiseta enganchándola en el bolsillo del vaquero. Las siete u ocho personas que concurrían el bar estaban así y quise mimetizarme con el ambiente lo antes posible para pasar inadvertido. Al fondo, en una esquina, un tío de unos treinta años, subido en un taburete, era literalmente desgarrado por otro que le metía su puño en la cavidad de su culo. Como principio me pareció genial la escena y di por bien pagados los diez euros de la entrada. Aún con el ciego que llevaba, me fui derecho para la barra y gasté una consumición. Me dieron una lata de cerveza templada con un vaso de tubo de plástico. Al referírselo, un escuálido camarero con arneses de cuero me comentó que no funcionaba bien la nevera. Me dio igual. Rellenando el vaso con lo que parecía más pipí que cerveza traspasé unas cortinas y me adentré por un laberinto que me condujo a una sala semioscura. En el centro, como si se tratase de un ring de boxeo, había una gran cama cuadrada de skai donde un viejo chubby con el culo en pompa esperaba ser penetrado. La cama estaba rodeada por un gran sofá cuadrangular. Allí, tres o cuatro ofertantes de polla junto a otros tres o cuatro demandantes eran ajenos a la oferta del viejo. Busqué un hueco libre y me senté al lado de uno para ver de cerca cómo se la comían. De vez en cuando rechazaba manos que tanteaban mi paquete. El morbo hacía que respirase con mayor rapidez por lo que la boca se me quedaba seca y no me quedaba otra que darle pequeños buches a la mierda de líquido amarillo que me habían servido. Las pollas eran turnadas y repartidas entre todos. Durante un momento, el rabo de mi vecino de sofá se quedó libre. Acercó su mano a mi cabeza e intentó bajármela. Amablemente desistí la invitación. ”Sólo he venido para ver”, le espeté. Molesto, se abrochó la cremallera y se largó hacia el otro extremo de la habitación.

  El viejo seguía allí, a cuatro patas con su orondo culo expuesto a su suerte. Miraba con lascivia a ambos lados cuando de repente se subió mi no-mamado y con una especie de pala de cuero empezó a golpear con furia su formidable trasero. Con cada 'zas' que se oía en la habitación, el chubby se retorcía de gusto, el muy cabrón. Sus gritos, más bien alaridos, sonaban a aleluyas. La sesión duró unos dos o tres minutos que se me hicieron espectaculares. El mamado rechazado volvió al banquillo poniendo otra vez a disposición de todos su verga y yo, apunto de largarme, pensé que no podía abandonar aquel lujurioso festín  sin antes hacer algo. Con actitud altiva y chulesca, dentro de las posibilidades que mi estado de embriaguez me permitía, merodeé al gordo apaleado hasta tener frente a mí su rostro y, sin dilación, lancé   con fuerza mi cerveza calentorra contra su cara de cerdo por fin saciado.



4 comentarios:

  1. Pues vaya una nochebuena oiga!!!

    besotes anyway

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  2. Desde luego que tu intervención es lo más 'bizarre' del relato, sobre todo por inesperado. ¿Te deseó felices fiestas el del culo en pompa?

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  3. Siempre he alabado a los que que saben sacar provecho de las situaciones y ser alternativos, una Nochebuena diferente.

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  4. Anoche no podía dormir y no sé porqué me acordé de tu blog. Me meto por primera vez en más de un años y leo esto. Creo que es de lo mejor que has publicado. Sigues siendo un bohemio decadente, jajajaja. También me ha gustado leer a Gil de Biedma. Espero que andes bien y que te acuerdes de mí. Un saludo,

    Joac

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