Érase que se era, un treintañón que sobrevivió a una terrible enfermedad: Amigdalitis aguda. Gracias a ésta, entendió a la perfección lo de que se le pongan a uno los huevos de corbata. Efectivamente, pareciera que se hubieran instalado dos huevos amigdagalácticos en la garganta del muchacho. Estos ovoides, provistos de una brutal artillería letal, atacaban a su presa con bombardeos febriles de hasta 42 grados provocando en el indefenso Arguifonte extraños síntomas como escalofríos, espasmos, titiriteras, delirios… Incluso en uno de esos ataques, le pareció levitar de su cama.... El pobre animalito, desvalido y encerrado en 28 metros cuadrados con prospectos en su mesita de noche como única lectura, apenas tenía fuerzas para ir al baño y su despensa y nevera acusaban el vacío. En penumbras, empapado en sudor y lágrimas y más solo que Hitler en el día del amigo, recibió una llamada, la única durante su convalecencia: la de su madre. Disfrutaba con su nuevo marido de un viaje con el Imserso por el desierto de Almería, "que por algún desierto habrá que empezar",-decía ella. Le contaba por teléfono, ilusionadísima y emocionada, lo maravillosa que era Carbonara -según ella-, Carboneras para el resto de la humanidad; y que lo había flipado en el Oeste del Mini-Hollywood de Tabernas. Con tanta alegría le relataba su particular paraíso árido, que el afligido plutoníaco no quiso chafárselo con el repentino infierno que padecía.Pasados cuatro días, se reincorporó, todavía paliducho, a su puesto de frutero. Cuando dieron las 11 de la mañana, fue a desayunar. Diligente sacó de su mochila un pitufito de jamón y un zumito que traía de casa, y es que la economía apretaba y no estaba el horno para bollos en panaderías y aún menos para cafeterías. Su hora del desayuno coincidía con la de los estudiantes de un instituto cercano, por lo que rápido y veloz-, antes de que se lo quitaran, pilló un banco con vistas a la autovía, para ver los coches pasar y aprovechar también unos rayitos de Sol cada vez más fríos...
Primer bocado al pitufito…!!Ñam¡¡ Hum... !!Qué güeno¡¡ "Güeno" era la palabra exacta, "bueno" equivaldría a normal y no era el caso de tan exquisito manjar. Nuestro escuálido personaje ya casi había olvidado los sabores después de tanta amoxicilina y paracetamol por lo que el primer mordisco le supo a gloria.
A por el segundo bocado..... ¡¡Plof¡¡. Escuchó un leve sonido a su derecha. Torció la vista hacia su hombro diestro y comprobó cómo le deslizaba una materia blanquecina y viscosa en forma de rombo. Miró a ambos lados con cara circunspecta asegurándose de que nadie se dio cuenta del fenómeno. Con la boca abierta llena de mijillas, levantó la vista y pudo ver cómo le sobrevolaba una gran e inmaculada gaviota descolgada de sus compañeras que migraban rumbo a Neptuno. Sólo le faltó, al estúpido animal, soltar una gran carcajada y señalar con un ala al infausto protagonista.











