viernes, 22 de febrero de 2013

ASAF AVIDAN


  Si me preguntasen alguna vez sobre cuál ha sido mi mayor influencia musical en los últimos años no respondería  Radio 3, Los 40 Mojones o Radio Chankete. Sin duda alguna diría Spotify.  En cuanto descubro mi nueva obsesión me taladro el hallazgo hasta el hastío. Me pasó con Florence + The Machine, Lana del Rey y ahora con Asaf Avidan. No, amigos, no voy a ir de guay por la vida, reconozco que en la estantería de  mi "doremifasol" particular reposa la música más ecléctica que os podáis imaginar: mis gustos van desde Paloma San Basilio, Rocío Jurado o Madonna hasta The XX o Kapput:



   La voz de Asaf Avidan ha logrado tremulizarme la carne sobremanera. Nacido hace 33 años en Israel y criado entre Jamaica y Nueva York, formó parte del grupo Asaf & The Mojos, de estilo folk, ya disuelto. Una canción de este grupo, "Recocking song", fue rememezclada por un productor alemán en 2012 convirtiéndose en un gran éxito, "One Day/Recockning song":


   A finales del año pasado lanzó en Israel un álbum en solitario, Different Pulses todavía no editado en formato físico en el resto del mundo. Sí queridos followers, soy un antiguo  y aún  sigo comprándome cd´s en formato físico. Su voz rasgada es un cóctel de muchas voces, desde Janis Joplin, Macy Gray a, por qué no decirlo, Amy Winehouse. De hecho,  en la primera escucha no esperas encontrarte con un hombre, guapísimo por cierto.

   Su primer sencillo da título al disco y este es su videoclip:


   Disco, las once canciones que lo componen, muy a tener en cuenta, altamente recomendable así como dañino, por ejercer un peligroso poder de adicción...







domingo, 17 de febrero de 2013

PAN Y CHOCOLATE


   Me hago mayor. Trabajo en turnos de mañana o de tarde y la semana que madrugo tengo que desistir, muy a mi pesar, del cafelito de la tarde.  Anteayer opté, después de un siestorro de hora y media, por una merienda de lo más infantil y festiva: un batido de vainilla y un hipermegabocadillo de chocolate.No era de Nocilla, sino chocolate de tableta,  como el que de niño solía prepaparme mi madre mientras yo me quebraba la cabeza entre conjuntos y subconjuntos... Empecé por el pico de la barra pero acabé con los dos tercios que quedaban. Ni una migaja dejé. Soy panadero y me temo que no cumplo lo de "en casa de herrero" y es que en mi casa se come pan en cantidades industriales.

   Os preguntaréis que qué quiero decir con esto, que a dónde quiero llegar. La explicación es muy sencilla: me sentí mal, fatal, como un cerdo famélico. En el almuerzo, el primer tercio de la barra de pan cayó junto a un platazo de calamares a la romana con abundante mayonesa, eso sí, acompañado con unas lechuguinas para compensar. Así que, cuando devoré el bocata, aún relamiéndome el chocolate que me había quedado entre los dientes, me puse el chándal y las zapatillas. Tenía que quemar como fuera esas calorías de más y salí a la calle con rabia. Recorrí cientos y cientos de metros a un paso de corredor de marcha hasta plantarme en un espigón junto al puerto de Plutón. Allí, sudandito a mares, me senté sobre una roca y presencié uno de los atardeceres más espectaculares que recuerdo haber visto en mi vida. Soy el tonto de las fotos así que  saqué el móvil y al hacer ésta me dije a mí mismo: "qué coño, por ver algo así ha merecido la pena el bocadillo de chocolate..."


miércoles, 13 de febrero de 2013

CLUB KARIBE


   Hicimos una parada en el viaje para comer. En una explanada que había en la carretera, aparcamos frente a una casa abandonada. Salí del coche para coger los bocadillos y cuando subí la puerta del maletero me percaté del cartel que tenía delante de mí: CLUB KARIBE. Soy morboso, lo reconozco, pero esto ya superaba las expectativas de mis más polucionables sueños. Tenía a mis pies un puticlub abandonado, con la puerta abierta... Los ojos se me hicieron chiribitas y el corazón se revolucionó. Jon, que aún no había salido del coche, estaba mandando un whatsapp a alguno de sus cientos de amigos. Acelerado le dije que mirara hacia arriba con cara de “¿entramos?”. Ni qué decir que dejamos el almuerzo para después...


  Al cruzar el marco sin puerta de entrada había una sala roja de espejos rotos , máquinas tragaperras saqueadas y un jukebox  destartalado tumbado en el suelo.  Me imaginaba cómo debía ser aquello lleno de putas ofreciéndose a los hombres de la zona. La imaginación no iba exenta de miedo. Vale que era un puticlub abandonado, sin más,  pero quizá, influenciado por American Horror Story,  no podía evitar acordarme del inicio del primer capítulo de la segunda temporada. Eso sí, cumplimos con todos los clichés de las pelis de terror, uno por uno: 

   Puertas que prohibían el paso, puertas que abríamos de una patada...


          
   Escaleras que nos guiaban hacia lo desconocido...

         
                                            
   Pasillos tenebrosos en donde no se oía nada, pero que en mi cabeza reproducían perfectamente los jadeos que seguramente allí años atrás hubieron...



   Todas las habitaciones estaban saqueadas. Sólo decoraban sus paredes lavabos y bidés fantasmas...




   Llegamos por fin a la del fondo, a la habitación azul. Su belleza derruida produjo en mí un efecto descomunal, indescriptible...




   Fue tal la excitación que me provocó la mezcla de morbo y miedo que me empalmé. No me quedó otra que bajarme los pantalones y pedirle a mi fotógrafo que me la comiese. Los bocadillos podían esperar...



       

martes, 15 de enero de 2013

LA VIDA A VECES


La vida a veces es tan breve
y tan completa que un minuto
- cuando me dejo y tú te dejas -
va más aprisa y dura mucho.

La vida a veces es más rica.
Y nos convida a los dos juntos
a su palacio, entre semana,
o los domingos a dar tumbos.

La vida entonces, ya se cuenta
por unidades de amor tuyo,
tan diminutas que se olvidan
en lo feliz, en lo confuso.

La vida a veces es muy poco
y tan intensa -si es tu gusto-
Hasta el dolor que tú me haces
da otro sentido a ser del mundo.

La vida; luego, ya es nosotros
hasta el extremo más inmundo.

Porque quererse es un castigo
y es un abismo vivir juntos.



viernes, 11 de enero de 2013

¿A QUIÉN TE LLEVARÍAS A UNA ISLA DESIERTA?





"Marcos, Celeste, Marta y Eze son amigos desde hace demasiado tiempo. Han vivido juntos, han soñado juntos, han follado y han querido juntos. Hoy es el día más caluroso de los últimos 20 años, también es el momento en que sus caminos se separarán por un tiempo ... pero antes van a parar el tiempo durante una noche. Y un juego, en apariencia estúpido, cambiará las cosas antes de lo que ninguno de ellos imaginaba ...'





   Obra dirigida y co-escrita por Jota Linares, autor de cortometrajes como '3,2 lo que hacen las novias...' o 'Ratas', '¿A quién te llevarías a una isla desierta?' es una adaptación para el teatro de un corto hecho con tres duros en sus años de facultad. Él mismo  la describe como una historia sobre su generación, sobre el positivismo que les obligaron a tener y sobre el pesimismo que nadie les ha enseñado a manejar. Sobre las oportunidades perdidas, sobre el momento de decidir, sobre los sueños que nunca se cumplen y sobre los sueños que siempre están ahí sin que nos demos cuenta siquiera de que los tenemos.

   La 'isla', como el propio equipo la llama,  vuelve a la carga hoy en lo que es su tercera temporada a Garaje Lumière, C/ Ciudad Real,12 (Metro Delicias)- Madrid. 

Entradas aquí o en el propia Sala. 



Ya lo sabes, si estás en Madrid o vas para Madrid, también tienes la opción de ir a una isla desierta...

martes, 25 de diciembre de 2012

CERVEZA CALIENTE


  La noche me pareció insuficiente y decidí que el amanecer me hiciera monarca. Serían las seis de la mañana y casi todos los bares estaban cerrados. Borracho perdido, camino del coche, decidí meterme en DISCOCK. Lo había visto todo en películas pero quería verlo in situ,  con mis propios ojos sin tener que menearmela delante de un ordenador. Mirar, pues no tenía la más mínima intención de participar, a pesar de mi recién reestrenada soltería y que quizá no me viniese mal darle algo de vidilla a mi ya exigua vida sexual. Pagué un ticket por valor de dos cervezas y me quité la camiseta enganchándola en el bolsillo del vaquero. Las siete u ocho personas que concurrían el bar estaban así y quise mimetizarme con el ambiente lo antes posible para pasar inadvertido. Al fondo, en una esquina, un tío de unos treinta años, subido en un taburete, era literalmente desgarrado por otro que le metía su puño en la cavidad de su culo. Como principio me pareció genial la escena y di por bien pagados los diez euros de la entrada. Aún con el ciego que llevaba, me fui derecho para la barra y gasté una consumición. Me dieron una lata de cerveza templada con un vaso de tubo de plástico. Al referírselo, un escuálido camarero con arneses de cuero me comentó que no funcionaba bien la nevera. Me dio igual. Rellenando el vaso con lo que parecía más pipí que cerveza traspasé unas cortinas y me adentré por un laberinto que me condujo a una sala semioscura. En el centro, como si se tratase de un ring de boxeo, había una gran cama cuadrada de skai donde un viejo chubby con el culo en pompa esperaba ser penetrado. La cama estaba rodeada por un gran sofá cuadrangular. Allí, tres o cuatro ofertantes de polla junto a otros tres o cuatro demandantes eran ajenos a la oferta del viejo. Busqué un hueco libre y me senté al lado de uno para ver de cerca cómo se la comían. De vez en cuando rechazaba manos que tanteaban mi paquete. El morbo hacía que respirase con mayor rapidez por lo que la boca se me quedaba seca y no me quedaba otra que darle pequeños buches a la mierda de líquido amarillo que me habían servido. Las pollas eran turnadas y repartidas entre todos. Durante un momento, el rabo de mi vecino de sofá se quedó libre. Acercó su mano a mi cabeza e intentó bajármela. Amablemente desistí la invitación. ”Sólo he venido para ver”, le espeté. Molesto, se abrochó la cremallera y se largó hacia el otro extremo de la habitación.

  El viejo seguía allí, a cuatro patas con su orondo culo expuesto a su suerte. Miraba con lascivia a ambos lados cuando de repente se subió mi no-mamado y con una especie de pala de cuero empezó a golpear con furia su formidable trasero. Con cada 'zas' que se oía en la habitación, el chubby se retorcía de gusto, el muy cabrón. Sus gritos, más bien alaridos, sonaban a aleluyas. La sesión duró unos dos o tres minutos que se me hicieron espectaculares. El mamado rechazado volvió al banquillo poniendo otra vez a disposición de todos su verga y yo, apunto de largarme, pensé que no podía abandonar aquel lujurioso festín  sin antes hacer algo. Con actitud altiva y chulesca, dentro de las posibilidades que mi estado de embriaguez me permitía, merodeé al gordo apaleado hasta tener frente a mí su rostro y, sin dilación, lancé   con fuerza mi cerveza calentorra contra su cara de cerdo por fin saciado.